LECTURAS
COMPLEMENTARIAS
Para
ser leida en casa
“
Lectura
recomendada I
ELABORACIÓN DEL ESQUEMA CORPORAL
Según Vayer, Pierre (1.984) el
esquema corporal puede definirse como la imagen que cada individuo tiene de su
cuerpo, relacionado con el espacio y el tiempo; alrededor de ésta imagen se
estructura la personalidad, la cual se va desarrollando a partir del
surgimiento de formas y funciones nuevas, preparadas por fases anteriores.
Esta estructuración se inicia con la
identificación del yo corporal,
posteriormente continúa con la organización de los datos provenientes
del ambiente relacionándolos consigo mismo y, finalmente, con la integración de
la toma de conciencia del espacio, lo que determinaría una adaptación entre el
individuo y el medio.
Este proceso evolutivo se inicia en
la infancia y se completa alrededor de los doce años, siendo las etapas más
importantes la de los años de preescolar y la primera etapa de los estudios
básicos, que es cuando se forma este concepto. Posteriormente se convertirá en
la base de la actividad práctica y de la actividad consciente. Este
conocimiento del cuerpo se va constituyendo muy lentamente, en función de la
maduración del sistema nervioso como resultado de experiencias corporales tanto
de motricidad como afectivas. Esto último nos indica la importancia del “otro” en la adquisición de la noción del
cuerpo La imagen del otro, tal es el caso de la madre, es fundamental en el
descubrimiento de si mismo, porque es a través de su contacto afectivo que el
niño adquiere conciencia de sí y la va integrando a esa elaboración permanente de
la imagen donde cualquier cambio generará nuevas estructuraciones.
La noción del esquema corporal se
adquiere a lo largo del desarrollo, desde el nacimiento hasta alrededor de los
doce años. En los tres primeros meses la evolución de la motricidad depende de
la evolución nerviosa, la mayoría de los movimientos son reflejos que están
ligados a la estructura neurológica y a la maduración del sistema nervioso. El
esquema se reduce en esta etapa a la zona oral y a datos de su cuerpo:
musculares, articulares, laberínticos y cutáneos. Posteriormente, se van
incorporando los datos táctiles y auditivos; los reflejos laberínticos provocan
la orientación de la vista estableciéndose una coordinación entre la visión y
el juego de manos.
Progresivamente el niño va
adquiriendo control y conciencia de su cuerpo, esta conciencia va a organizarse
gracias a la actividad motriz: la representación completa del cuerpo finaliza
hacia los doce años y es cuando las condiciones psico-biológicas dan lugar a
las condiciones psico-sociales que permitirán el desarrollo del yo psicológico.
Es importante destacar el papel de
la maduración en el proceso de crecimiento del niño, ya que el yo corporal se
desarrolla a partir de experiencias que van organizando mejor los movimientos
que le permitirán culminar nuevas acciones, dependiendo todo esto del sistema
nervioso central: este se desarrolla durante los nueve meses de la gestación y aunque el
tamaño del cerebro al momento de nacer es casi igual a su tamaño final, posee
una parte menos desarrollada: la corteza cerebral, que regula las funciones
complejas y los procesos superiores.
Todo esto culmina con la definición
de la lateralización y la mielinización del cuerpo calloso que permite la
precisión motora y funciones superiores del ser humano. Esta inmadurez cortical
facilita para que el enriquecimiento ambiental actúe para alcanzar un óptimo
desarrollo. Este proceso culmina aproximadamente en los años escolares.
Existen algunos elementos que
conforman el esquema corporal:
1. Conocimiento del cuerpo
Este conocimiento se construye a partir de la
sensación y se emplea el cuerpo como medio de relación con el mundo y,
posteriormente, como medio de expresión y comunicación. La conciencia del
propio cuerpo le llevará a las diferentes posiciones de él con respecto al
espacio así como a relacionarse con dicho espacio a través de todas las formas
posibles de desplazamiento.
2. Lateralidad
Es una percepción
interior que determina los segmentos dominantes, es consecuencia de la
actividad motriz; se va integrando a los esquemas de conducta y patrones de
identidad. Se establece alrededor de los seis años.
3. La actitud:
Es la postura
individual, inconsciente e involuntaria, en donde cada segmento del cuerpo está
equilibrado en posición de menor esfuerzo y máximo sostén.
4. La respiración
Es un acto
involuntario y reflejo que puede controlarse voluntariamente. Su calidad
determina la calidad de nuestras vidas, su alteración se manifiesta en el
estado psíquico de los individuos.
5. La relajación
Es una expansión
voluntaria del tono muscular, acompañada de una sensación de reposo; permite la
disminución de la tensión muscular que repercute en el comportamiento.
NOCIÓN DEL OBJETO
Mediante los movimientos de su
cuerpo, específicamente a través de la prensión y a las manipulaciones, el niño entra en contacto con el mundo de los
objetos, descubriendo de igual manera nociones de adentro, afuera, arriba,
abajo; a partir de los primeros desplazamientos construye las nociones de cerca, lejos y límites. La experiencia visual
está relacionada con la experiencia activa.
Partiendo del cuerpo y su entorno,
el niño va organizando y conquistando el espacio, acciones que se encuentran
íntimamente unidas a la formación del esquema corporal. La actividad corporal prepara las operaciones lógicas ya que estas se asientan en la coordinación
general de las acciones con anterioridad a su formulación en el plano
lingüístico.
Paulatinamente, el niño va tomando
conciencia y dominando los
elementos que conforman el mundo de los
objetos a partir de sus desplazamientos y la coordinación de sus movimientos.
De la misma manera se elaboran las nociones de tiempo, ya que como en la
construcción del espacio el cuerpo es la referencia, de igual forma el tiempo
es el espacio vivido.
NOCIÓN DE LOS DEMÁS
La actividad motriz del niño le
permite entrar en relación con el entorno y
reconocer el mundo de las cosas; esto le otorga al medio un papel
preponderante en su desarrollo. Es partir de ese reconocimiento que logra
establecer el mundo de las cosas y el mundo de los demás, logrando
diferenciarse e irse adaptando progresivamente con el objeto de integrarse.
Al relacionarse con los demás los
hace esencialmente en el plano afectivo a través de manifestaciones tónicas y
posturales, haciéndose visible la actitud y la expresión corporal. Estas manifestaciones generalmente son
pasajeras, pero pueden convertirse en estados permanentes capaces de perturbar
sus posibilidades de aprendizaje, obstaculizando de esta manera su desarrollo.
Fuente
Gordils, Marilyn. La danza como recurso para la
adquisición de destrezas en niños con discapacidades leves. Trabajo especial de
grado para optar al titulo de licenciada en danza, mención Docente de danza
clásica. Iudanza 2.002


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